El 132 volvía de la terminal de Retiro lleno. Se subió una vieja paqueta con cara de orto, "Dale, dame el asiento, salí" obligó a un nene de unos 10 años. Muchos mirábamos sin siquiera pensar en mover el culo. El pibe la miraba confundido sin saber bien qué hacer, la vieja insistió amablemente con su orden de rajarlo y sentarse ella. "Dejame el lugar, dale, salí". Los padres no estaban al tanto de la situación, varios pasajeros sí. Finalmente al chico no le quedó otra que cederle el asiento a la vieja. Acto seguido 6 personas se levantaron para que el pibe se sentara.
Me gusta pensar que el destino me invitó a ver ese espectáculo para olvidarme aunque sea durante unos minutos de que las despedidas me ponen triste.
